Al hablar de psicología es casi inevitable dejar afuera a Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. Fue una de las personas más influyentes dentro del desarrollo del pensamiento durante el siglo XX. Una de sus hipótesis estaba estrechamente relacionada con el subconsciente, en su teoría sostenía que durante los sueños las emociones y recuerdos que se encuentran en el inconsciente, suben a la superficie consciente dejando ver nuestras inseguridades, miedos, traumas y recuerdos con facilidad.
Bajo esta idea, las terapias que buscan la existencia de problemas durante la infancia o emociones reprimidas utilizan el planteamiento de Freud para encontrar la solución. La herramienta a la que se recurre es la interpretación de los sueños, pues según Freud, “… todos los sueños representan la realización de un deseo por parte del soñador, incluso los sueños tipo pesadilla”.
Los sueños, son sólo realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos, la censura de estos produce una distorsión que afecta directamente el contenido de las fantasías. En pocas palabras, lo que puede parecer un conjunto de imágenes o situaciones sin sentido dentro de los sueños, es en realidad el resultado de la censura, sólo a través del análisis pueden obtenerse las ideas coherentes o en este caso, los deseos ocultos del soñador.
Freud consideraba que todo sueño es interpretable, para esto es necesario separar el relato en partes y analizar cada una de ellas para llegar al significado real. Se le asignó una razón a los objetos y situaciones, el problema que esto representa, es que no toma en cuenta la propia ideología del individuo ni del entorno en el que se desarrolló.
Aun así, Sigmund Freud decía que a lo largo de la humanidad habían sucedido tres grandes humillaciones: el primero fue el descubrimiento de Galileo sal saber que no somos el centro del Universo, el segundo se dio al saber que no somos la corona de la creación gracias a Darwin y por último, reconocer que no controlamos nuestra propia mente, siendo el último el descubrimiento de él mismo.