miércoles, 22 de marzo de 2017

La dramatización de ciencia ficción que popularizo la radio

La radio se hizo mayor el 30 de octubre de 1938 y fue gracias -o por culpa de- un jovencísimo Orson Welles que, en la víspera de la noche de Halloween, quiso hacer una broma por la radio haciendo creer que los extraterrestres estaban atacando la Tierra gracias a un guión adaptado de la novela de ciencia ficción “La guerra de los mundos” de Herbert. George Wells.

La historia, que se relató en forma de noticiario, narrando con todo lujo de detalles y alarma la caída de meteoritos y la llegada de naves marcianas armadas de rayos de calor y gases venenosos, produjo una alerta general en todo el país, pues creyeron de verdad que estaban siendo invadidos por una civilización alienígena.

Aunque esta es la versión más extendida, lo cierto es que la histeria no fue tan colectiva, pues no todo el mundo oyó el programa, sino varios miles de personas despistadas y huelga decir que la introducción del programa exponía que se trataba de un guión de la novela de Wells. Pese a ello, la dramatización de Welles, Orson en este caso, supuso un antes y un después para un medio de comunicación un tanto arrinconado hasta ese momento.

Los titulares del día siguiente exacerbaron el suceso, los afectados pidieron la cabeza del responsable y Welles tuvo que disculparse públicamente. Sin embargo, este curioso episodio en la historia de la radio no hizo sino aumentar -una vez que todo el mundo se dio por enterado de que no existía tal invasión- la popularidad y el prestigio de Orson Welles. Su mayor éxito cinematográfico llegaría pocos años después, en 1941, con "Ciudadano Kane".





martes, 14 de marzo de 2017

Albert Einstein

Influido por su tío Jacob –con el que fabricaba aparatos en un taller familiar recreativo– y por la lectura de libros de divulgación científica, Albert destacaba en todas las asignaturas de ciencias. Su precoz brillantez le permitió acceder a la Escuela Politécnica de Zurich, aunque había sacado malas notas en letras. Estudió Enseñanza de Matemáticas y Física junto a otros seis alumnos, entre los que la única mujer era una chica serbia, Mileva, con la que pronto entabló relaciones y a la que admiraba por ser “tan fuerte e independiente” como él. Tuvieron una hija en secreto y se casaron, a pesar de la férrea oposición de los padres de Albert.

Tras graduarse, no consiguió empleo en la universidad. Necesitado de trabajo, un amigo lo ayudó consiguiéndole una colocación en la oficina de patentes suiza, donde también tendría problemas con sus jefes. Durante los seis años –de 1902 a 1908– que pasó en aquella administración encargada de documentar y revisar las solicitudes de patentes, encontró la estabilidad y el tiempo para escribir sus aportaciones fundamentales a la física del siglo XX, a pesar de estar lejos de las aulas y el mundo universitario.

En 1905 escribió cuatro artículos en los que explicaba, sucesivamente, el movimiento browniano, las claves del efecto fotoeléctrico, la teoría de la relatividad especial y la equivalencia entre masa y energía. Los dos primeros le harían merecedor del Premio Nobel de Física dieciséis años después, aunque podemos afirmar sin ninguna duda que es mucho más recordado por los dos últimos.

jueves, 9 de marzo de 2017

La Guerra de las Patentes

Se conoce como Guerra de las Patentes la disputa que tuvo lugar en Estados Unidos entre 1897 y 1908 por el control del monopolio del cine a nivel internacional. En el centro de esta lucha se situó el inventor y empresario Thomas Alva Edison, cuyo kinetoscopio –presentado en 1891; por tanto, anterior al cinematógrafo de los hermanos Lumière (1895)– le había reportado grandes beneficios hasta 1896. Ese año se presentó en Nueva York el cinematógrafo, técnicamente muy superior. Edison contraatacó con un nuevo aparato, el vitascopio, pero el catálogo de películas y la versatilidad del proyector de los Lumière le ponían difícil competir.

Así, las cosas, el magnate presionó a las autoridades estadounidenses hasta conseguir que en 1897 se aprobasen severas leyes proteccionistas que supusieron la retirada a los Lumière de la licencia de explotación de su invento en suelo americano y la expulsión de sus representantes. La Edison Co y otras nuevas productoras como la Biograph Co (conducida por un antiguo colaborador de Edison, William K. Laurie Dickson) o la Vitagraph aprovecharon el vacío legal para vender como propias las películas de la competencia, en particular las europeas. Y unos y otros empresarios se enzarzaron en un interminable rosario de demandas para defender sus respectivos derechos y, de paso, hacerse con el control de toda la emergente industria cinematográfica: empezaba la Guerra de las Patentes.


La "contienda" se cerró en 1908 cuando Edison logró –tras más de 500 procesos judiciales– ver reconocido el derecho, por su patente del kinetoscopio, a recibir un canon de otros empresarios por el uso de cámaras, película virgen y proyectores. Sus grandes competidores decidieron enterrar el hacha de guerra y formaron con él el primer trust del cine, Motion Picture Patents Company. Sin embargo, hubo autores y productores independientes que se rebelaron contra este monopolio. Los rebeldes resolvieron crear una entidad alternativa, General Film Company, y trasladaron sus estudios a California. Y esa, ni más ni menos, fue la semilla de la que surgiría poco después, en 1911, la industria de Hollywood.